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LA AGRESIVIDAD. Se asume como uno de los trastornos de la conducta social. Cambia de un niño a otro en su expresión y en su intensidad. Sus causas: para algunos depende de la Constitución genética, para otros es el producto de Frustraciones. COMPORTAMIENTO AGRESIVO: se entiende como aquellas acciones que pretenden ocasionar daño o ansiedad en los otros, que incluyen; pegar, dar patadas, destrozar propiedad, reñir, ir en contra de otros, atacar verbalmente a otros, desobedecer (Mussen, 1969). CÓMO LA MANEJAMOS: 1.- Buscar las causas y modificarlas. 2.- Tomar en cuenta factores innatos. 3.- Valorar el caso, no toda agresividad es mala. A veces es un medio de expresión de inseguridades, temores y un alerta a situaciones amenazantes. 4.- Revisar si el ambiente de la escuela está de manera indirecta promoviendo estas conductas: maestro autoritario o permisivo, estructura muy rígida de la rutina, la organización de los espacios, ... 5.- Chequear variables orgánicas: salud, sueño, ... 6.- Revisar al situación familiar. 7.- Enseñar a los niños y niñas a buscar alternativas adecuadas para lograr lo que desean o necesitan. 8.- Permitir hasta donde sea posible cierta elasticidad en las reglas. 9.- Disminuir las situaciones frustrantes en el entorno escolar. 10.- OFRECER SUSTITUTOS PARA LA AGRESIÓN: a) Actividades que impliquen el uso de los músculos. b) Uso libre de plastilina y pintura. c) Permitirles hacer ruido. d) Promover el juego dramático como medio de expresión. e) Propiciarle una atención y un cariño. Álvaro Martín Corujo (extractado de un curso de formación).
LECCIONES EMOCIONALES.
Supongamos que un bebé de dos meses de edad se despierta a las tres de la madrugada y empieza a llorar. Imaginemos también que viene su madre y que, durante la media hora siguiente, el bebé se alimenta felizmente en sus brazos mientras ésta le mira con afecto, mostrándole lo contenta que está de verle aún en medio de la noche. Luego el bebé, satisfecho con el amor de su madre vuelve a dormirse. Supongamos ahora que otro bebé, también de dos meses de edad, se despierta llorando a media noche pero que, en este caso, recibe la visita de una madre tensa e irritada, una madre que acababa de conciliar difícilmente el sueño tras una pelea con su marido. En el mismo momento en que la madre le coge bruscamente y le dice: ¡Cállate! ¿No puedo perder el tiempo contigo! ¿Acabemos cuanto antes!", el bebé comienza a tensarse. Luego, mientras está mamando, su madre le mira con indiferencia sin prestarle la menor atención y, a medida que recuerda la pelea que acaba de tener con su esposo, va inquietándose cada vez más. El bebé, sintiendo su tensión, se contrae y deja de mamar. "¿Eso era todo lo que querías? -pregunta entonces su madre, arisca- ¡Pues se acabó!" Y, con la misma brusquedad con la que le cogió, le deposita nuevamente en su cuna y se aleja de él, dejándole llorar hasta que finalmente, exhausto, termina durmiéndose. El informe del National Center for Clinical Infant Programs nos presenta estas dos escenas como ejemplos de dos tipos de interacción que, cuando se repiten una y otra vez, terminan inculcando en el bebé sentimientos muy diferentes sobre sí mismo y sobre las personas que le rodean. Como se puede imaginar la primera escena repetida una y otra vez hace ver al niño que se le tiene en cuenta, en cambio la segunda escena repetida en al misma proporción acaba creando en el niño sentimientos de inseguridad. Durante los tres o cuatro primeros años de vida , el cerebro de los bebés crece hasta los dos tercios de su tamaño maduro y su complejidad se desarrolla a un ritmo que jamás volverá a repetirse. En este periodo clave, el aprendizaje, especialmente el aprendizaje emocional, tiene lugar más rápidamente que nunca. Es por ello por lo que las lesiones graves que se produzcan durante este periodo pueden terminar dañando los centros de aprendizaje del cerebro (y, de este modo, afectar al intelecto). Y aunque esto puede remediarse por las experiencias vitales posteriores, el impacto de este aprendizaje temprano es muy profundo. Como resume una investigación realizada a este respecto, las consecuencias de las lecciones emocionales aprendidas en los primeros cuatro años de vida son extraordinariamente importantes.
Este texto está EXTRACTADO de la "REVISTA DE LA ASOCIACIÓN DE MAESTROS ROSA SENSAT. Educar de 0 a 6 años." Aquí lo ponemos porque nos parece bastante interesante y útil. EL EQUIPO DE REDACCIÓN.
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